Nadie es un extraño, el mundo y tu sois uno.

Insphirados nace bajo el amparo y la bendición de Pujya Swami Rameshwarananda Giri Maharaj, de cuya luz, entrega y sabiduría bebe este blog. Esta plataforma tiene como humilde pretensión ser un lugar de encuentro, de reflexión y de andadura para todos aquellos que bajo la inspiración de Swamiji han decidido ir en busca de la Verdad. Cada cual al ritmo de sus posibilidades, con mayor o menor acierto, con mayor o menor constancia. Todos son bienvenidos.

sábado, 28 de febrero de 2015


(Foto, Marcos Soria)
                         La belleza de los maestros en meditación, arrobados por el silencio.
                     Esta es una entrada que iré repitiendo, pues es la fuente de insphiración.
Seguimos con el Vedantasara

La Consciencia (caitanya) es el atman/brahman. Es lo único que existe. No está condicionada por nada ni ilumina nada distinto de ella misma.
La Consciencia condicionada por la ignorancia (upahita) es el saguna brahman, con cualidades relativas al mundo.
En cada individuo (jiva) el atman ilumina la ignorancia individual y de ese modo se convierte en testigo de los fenómenos que se manifiestan en esa mente particular. Del mismo modo, cuando el atman ilumina la ignorancia universal se convierte en testigo de todo lo que sucede en el universo.
En ambos casos se trata del mismo atman: cuando ilumina la ignorancia universal, no es influido por ella; pero cuando ilumina las ignorancias individuales parece dividirse en muchos sujetos separados, y esas subjetividades individuales son las que parecen quedar atrapadas por las respectivas ignorancias individuales; igual que el Sol lo ilumina todo sin verse afectado por ello, pero los reflejos en los distintos objetos que ilumina son distintos según la naturaleza de cada objeto. Dios es el amo de la ignorancia; el alma es su esclava.
Dios también es el que lo gobierna todo (sarvaniyantr), es decir el que dirige las acciones de los individuos; pero esto no lo hace a distancia, sino desde dentro de ellos, ya que es su <<controlador interior>>(antaryamin): el que habita en el corazón de los individuos y desde ahí controla su mente (buddhi).
Por último, el Señor es la causa del mundo (jagatkarana), no sólo eficiente sino también material: el mundo no es creado de la nada como en el Cristianismo sino que está hecho de la sustancia de Dios. No es una doctrina creacionista sino emanatista. Obviamente nos referimos al saguna brahman, brahman con cualidades; es decir, a la Consciencia pura aparentemente deformada por el velo de la ignorancia.

Comentario de Pandu:
Por tanto, la Consciencia pura es inefable, como pura luz. En el mundo fenoménico percibimos reflejos de esa luz, producto del condicionamiento provocado por la ignorancia que reside en quien refleja esa luz. Así se puede entender que brahman, que todo lo contiene, es el amo de la ignorancia, y el alma individual, jiva, es su esclava.
Algunas frases destacables.


- El dolor es inevitable, el sufrimiento es opcional.

- Todo lugar es aquí, todo momento es ahora.

- No es más rico quien más tiene, sino quien menos necesita.

- Para entender todo, es necesario olvidarlo todo.

martes, 24 de febrero de 2015

Una reflexión de Pandu a medio camino.
Después de unas cuantas entradas en torno al Vedantasara, hoy me encuentro en Istambul, en un viaje de trabajo, sin acceso al texto del Vedantasara que voy intentando, resumir, compartir y comentar.
Decido aprovechar un rato de asueto para dejar un comentario más personal, menos sujeto al texto, de este recorrido por el que transito.
Muchas cuestiones son oscuras aún para mí, destilan enigma. Pero algunas cuestiones aparecen algo más nítidas.
El conocimiento y el razonamiento lógico poco tienen que ver. La sabiduría, ni que sea en pequeñas dosis, nos llega a través de una vía intuitiva. Pero sí hay aspectos en los que uno puede trabajar con el propósito de estar más abierto y mejor predispuesto si es que ese conocimiento intuitivo se presenta y se hace accesible.
Porque en cualquier caso no hay nada que ir a buscar fuera de uno mismo, no hay lugar al que llegar. Todo Es y todo preexiste. Sólo se trata de desvelar la Realidad que nos escondemos. Nada más y nada menos; eso puede llevar muchas vidas o suceder en este mismo instante.
Brahman es el Ser, innombrable e indefinible positivamente. Todo lo abarca. Lo que es, lo que no es, lo más sublime, lo más miserable. Todo está contenido en Brahman.
Nosotros vivimos una realidad dual que segmenta y divide, que reduce nuestra realidad a lo sensorial. Nuestra meta, si es que puede hablarse de meta u objetivo, es trascender esa dualidad y participar de la unicidad o la adualidad.
Para ello, a mi entender, existen dos vías. Una es la Realización súbita, un entrar en la Unicidad sin pasos intermedios, ya que no es necesario ser un sabio en el mundo dual para participar del Ser. La otra es un trabajo, constante y determinado a través de acciones y renuncias, de ejercicios y estados de ánimo, que desbrocen la enorme opacidad y ruido que nos aleja de nuestro ser más profundo y que nos impide Ver. Se trata al fin de frenar y redirigir nuestras inercias a través de los caminos del yoga para establecer un rumbo que nos acerque a una forma de estar más transparente, menos opaca a señales y mensajes relevantes en este descubrir.
Para mí este es el objeto de este pequeño trabajo de reseguir y digerir en lo posible, el Vedantasara. La ausencia de meta u objetivo, como los entenderíamos en el mundo sensorial, no me resta convencimiento y determinación. Estoy donde quiero estar, donde creo que debo estar, gracias a Swamiji quie cuenta por siempre con mi gratitud y mi devoción.

domingo, 22 de febrero de 2015

Seguimos con el Vedantasara y con el tema de la irnorancia

Se dice que la ignorancia es una o múltiple según se la considere colectiva o individualmente.
¿Hay entonces una ignorancia universal o cada individuo tiene su propia ignorancia particular? Samkara empleó distintas metáforas para exponerla, lo que dio lugar a distintas teorías sobre su naturaleza. Según la escuela Bhamati, el substrato o locus (asraya) donde se ubica la ignorancia es el alma individual (jiva), y en consecuancia hay tantas ignorancias como individuos. El idealista Prakasananda, por el contrario, afirmaba que, como el substrato de la ignorancia sólo podía ser el atman -lo único real-, sólo podía haber una ignorancia con cuya destrucción desaparecería el universo. La opinión de la escuela Vivarana, seguida por Sadananda, es intermedia: es cierto que el único substrato de la ignorancia es el brahman y que, en consecuencia, sólo hay una ignorancia; pero ésta aparece como múltiple al reflejarse en los distintos jivas. La ignorancia es, pues, una y múltiple a la vez.
Sadananda desarrolla esta idea explicando que sólo hay una ignorancia universal (samasti ajñana) pero muchas ignorancias individuales (vyasti ajñanas).
La ignorancia universal o colectiva (samasti ajñana) es el agregado por todas las ignorancias individuales. La ignorancia individual (vyasti ajñana) es la propia de cada individuo (jiva).
Sadananda siempre emplea el término ajñana para referirse a la ignorancia. Samkara prefería los términos avidya (ignorancia) y maya (ilusión).
La ignorancia universal es la totalidad de las ignorancias individuales, como el bosque es la totalidad de los árboles que contiene. Sólo hay una ignorancia: la materia (prakrti) que se despliega como el universo entero con todos sus individuos, experimentando cada uno de ellos su propia ignorancia individual como manifestación en el individuo de la ignorancia universal. Cuando un individuo se libera por el conocimiento de brahman de su ignorancia individual, la ignorancia universal sigue existiendo y, con ella, las ignorancias individuales de todos los demás individuos.

Como este agregado (de ignorancia) es el condicionante (upadhi) de lo más excelente, en él predomina la bondad (sattva) pura.  La ignorancia o materia (praktrti) es, pues, la substancia ontológicamente indeterminable de la que está hecho todo el universo. Es una totalidad, y a la vez múltiple, en cuanto dividida en muchos individuos. Como totalidad es el condicionante (upadhi) de lo más excelente (utkrsta), es decir, de Dios (Isvara). Un upadhi es  "algo adventicio que influye aparentemente en otra cosa; una limitación aparente como, por ejemplo, el color rojo de un cristal ante una rosa o el azul del cielo". Otro ejemplo es el del espacio y el jarro: el espacio que está dentro del jarro es el mismo que el que está fuera de él. El primero parece limitado por el recipiente y el segundo parece libre; pero en realidad el espacio es uno e indivisible: el espacio interior y el exterior no están separados sino unidos por el espacio que ocupan las paredes del jarro. Cuando el jarro se rompe ¿Se librea el espacio que había dentro? No. Al espacio no le ha pasado nada, sigue siendo el mismo espacio único e ilimitado. En este ejemplo el jarro es el upadhi de su espacio interior. Parece que lo limita, que le da una forma: lo hace aparecer distinto de como es en realidad: ilimitado y sin forma. Del mismo modo, la ignorancia es el upadhi que hace aparecer como limitado o condicionado (upahita) el brahman infinito, aunque en realidad éste no deje nunca de ser libre e incondicionado (anupahita).
La ignorancia universal es el "condicionante" vinculado a lo más excelente, donde lo más excelente es saguna brahman, Dios con atributos (Isvara). Pero aunque Dios sea una realidad condicionada -y, en el fondo ficticia- es el ser que abarca y gobierna todas las realidades limitadas.Es el sistema total de la existencia relativa.  Aunque Dios esté afectado por la ignorancia no está atado por ella a la existencia mundana. Lo que esclaviza es la ignorancia individual (vyasti ajñana).

Comentario de Pandu:
gran tema ese de la ignorancia, que seguiré explorando en las próximas entradas. Tal como la veo ahora, desde mi ignorancia, es ese estar en el interior de jarro, condicionando el espacio infinito como si eso fuera en realidad posible, en el anhelo de que las paredes del jarro se rompan o se disuelvan, para participar de esa comunión, que ya se da sin que yo me permita percibirla, de un espacio ilimitado, libre y absoluto. Qué preciosa metáfora. Me remite al mito de la carverna de Paltón, no? Otro ser de luz que he ido descubriendo una vez me he liberado de algunas interpretaciones cerriles de sus textos, cerriles porque yo me las daba así, y posiblemente aún lo hago.

miércoles, 18 de febrero de 2015

Avancemos un poco más en el Vedantasara, explorando el tema de la ignorancia

La ignorancia no es ser ni no ser, por estar entre ambos; el brahman no es ser ni no ser, por estar más allá de ambos.
El testimonio de la sruti (escrituras védicas) demuestra la existencia de la ignorancia, y el intelecto puede postularla a partir de sus efectos para explicar la presencia del mundo temporal, pero sin que podamos entenderla realmente. Por otra parte, el conocimiento superior (para vidya), la experiencia del atman, no permite conocer la ignorancia, igual que la luz del sol no permite conocer la oscuridad: son incompatibles.
Hay tres puntos de vista sobre la ignorancia y todo lo que procede de ella:
1) Para el ignorante que cree lo que le dicen los sentidos, el mundo de la ignorancia es real (vastava)
2) Para el filósofo que intenta entenderla racionalmente, es incomprensible (anirvacaniya)
3) Para el sabio que conoce el brahman, es vacía (tuccha), irreal como un sueño del que se ha despertado
La idea de que la ignorancia consiste en los tres gunas, tamas o la oscuridad, rajas o la actividad y sattva o la bondad, procede de su identificación con la naturaleza material (prakrti) -compuesta de estos tres constitutivos- de la que habla el Samkhya. La diferencia es que para el Samkhya tanto la materia como los constitutivos como todo el universo procedente de ellos son reales, vastu, mientras que para el Advaita son avastu, irreales.
La ignorancia (ajñana) es opuesta al conocimiento (jñana) porque:
- parece obstruirlo, aunque en realidad no puede hacerlo, ya que no hay nada distinto del arman que lo pueda ocultar
-es destruida o refutada por el conocimiento de la realidad.
Todo lo relativo tiene comienzo y fin; lo absoluto no tiene comienzo ni fin. La ignorancia -que es la causa material de lo relativo- tiene fin, pero, sin ser absoluta, no podemos hallar su comienzo. Y según  los sabios, no podemos hallar su comienzo porque en realidad nunca ha existido. La pregunta sobre el origen de la ignorancia no se <<resuelve>> sino que se <<disuelve>> cuando se comprende la inexistencia de ésta.
Sadananda cita un texto de las escrituras para demostrar que hay un poder o fuerza (sakti) divina de la que procede todo el universo y que se manifiesta y se culta en sus constitutivos (gunas). Esta sakti es lo mismo que la naturaleza material (prakrti). Y esta materia-energía que se despliega como la creación entera no es distinta de la ignorancia (ajñana o avidya), también llamada en el Advaita Vedante maya, la ilusión cósmica, la magia o poder creativo de la divinidad que es la causa de todos los mundos. El dios aludido en este texto es Isvara (<<el Señor>>).el brahman con atributos (saguna), que en el Advaita Vedanta no es más que una ficción útil para explicar el origen del universo. Para el brahman nirguna (sin atributos), que es la Realidad Absoluta, ni el mundo existe ni tampoco, en consecuencia, hace falta postular ningún poder o causa material que sirva para explicarlo.

Comentario de Pandu:
el mundo de los sentidos, el mundo que percibimos a través de nuestro cuerpo, es relativo, no tiene <<esencia>>. Es una ilusión, maya, y conforma el reino de la ignorancia, del conocimiento ficticio, relativo y limitado. En su límite superior se encuentra saguna brahman, Isvara, el Dios con atributos que, aún así, forma parte de ese universo de la ignorancia. Cuando alcanzamos, si lo alcanzamos, el conocimiento del Ser, brahman nirguna, el mundo de la ignorancia se desvanece, se disuelve en el Absoluto que lo contiene.

viernes, 13 de febrero de 2015

Siguiendo con el Vedantasara llegamos a un concepto muy relevante: la ignorancia


Se dice que la ignorancia (ajñana) es algo positivo, indescriptible como existente o inexistente, compuesto de los tres constitutivos (gunas) y opuesto al conocimiento. No se trata de una mera inexistencia o ausencia (abhava) de conocimiento, sino que tiene una naturaleza positiva: es una cognición, aunque errónea. Por otra parte, la ignorancia que es inconsciente, no puede conocerse a sí misma. El conocimiento de la ignorancia es como el de la Luna: ésta no irradia luz por sí misma, pero la vemos porque refleja la luz del Sol. Del mismo modo, experimentamos nuestra ignorancia porque es una entidad inconsciente iluminada por la luz de la Consciencia.
No se puede decir de la ignorancia si existe o no existe. No se puede decir que sea sat, que exista absolutamente, porque en este caso tendría que ser eterna y el hecho es que el conocimiento del brahman la destruye.
Tampoco se puede decir que sea asat, una pura imposibilidad en el pasado, el presente y el futuro, porque de algún modo crea el universo que percibimos. Ni se puede decir que sea sadasat, existente y no existente a la vez, porque esto sería contradictorio. Es, pues, asadasat, ni existente ni inexistente.
El brahman, en cambio, es impensable e inefable por ser sat, la realidad absoluta y adual, el ser puro más allá de todas las divisiones y categorías con las que pensamos y hablamos.

Comentario de Pandu:
Quiero hacer un  alto en este momento. El tema es complejo, pero como dice el texto, a través de una Luna que no irradia por sí misma, podemos ver reflejada la luz del Sol. Así que me gustaría ir despacio, a pequeños fragmentos más o menos digeribles, para sentir la luz del Conocimiento, siquiera en el reflejo.

jueves, 12 de febrero de 2015

Una nueva entrada del libro "Un pensamiento y una oración para cada día de Swami Paramananda

La correspondiente a hoy, 12 de Febrero dice:


Pensamiento del día
Con una mente intranquila es imposible tener verdadera visión.

Memorizar
De la profunda oscuridad de la noche
surgió una luz en mi alma,
llenándome de serena alegría.
Todas mis cámaras internas se abrieron a su toque.
Mi más íntimo ser quedó inundado por su esplendor.

Lección
No cierres tu puerta para rumiar en la oscuridad. Cuando llegan las asperezas de la vida o el sufrimiento, el alma que está despierta, en lugar de descender bajo su influjo, se siente triunfante. Esto es lo que sucede con los que son puros. Cuando ellos enfrentan dificultades siempre ven una bendición en ellas. En cambio nosotros !qué rápidamente nos sometemos bajo la presión de la vida!
Nuestro sentido de equilibrio aumenta o decrece de acuerdo a la verdad espiritual. Si tenemos una ininterrumpida consciencia de la Divina Presencia, nos sentiremos seguros y permaneceremos firmes.

Que así sea.

(Foto, Marcos Soria)
                         La belleza de los maestros en meditación, arrobados por el silencio.
                     Esta es una entrada que iré repitiendo, pues es la fuente de insphiración.

miércoles, 11 de febrero de 2015

Seguimos explorando el Vedantasara, poniendo atención  ahora a lo que el Vedanta considera lo real y lo irreal

Lo real (vastu) es el brahman único e infinito que es la Existencia-Consciencia-Felicidad.
Lo real, vastu, es lo que está siempre presente, y en el caso específico del Vedanta, no sólo temporalmente sino desde cualquier punto de vista: espacial, categorial, etc. No sólo es lo eterno (nitya), lo temporalmente ilimitado, sino lo infinito (ananta) en todos los sentidos. En consecuencia, <<real>> aquí significa <<infinito>> o <<absolutamente real>>. Cualquier cosa transitoria o afectada de cualquier forma de finitud o relatividad es <<irreal>> (avastu>>. Vastu es, pues, sinónimo de sat, <<lo existente>>.

Lo irreal es el conjunto de todas las cosas inconscientes, empezando por la ignorancia.
El brahman, lo único que existe, es lo real (vastu). Cualquier cosa que podamos imaginar debe, en consecuencia, ser irreal (avastu). Como real es, por definición, lo eterno, lo irreal debe ser lo temporal o perecedero.. Como el brahman es la Consciencia, lo que no es brahman es la no Consciencia, la in-consciencia. La ignorancia (ajñana) es la causa material de la que están hechas todas las realidades relativas. Es inconsciente y, en consecuencia, todo lo relativo es inconsciente o material: tanto la realidad percibida por los sentidos como la sentida o pensada interiormente.

El Vedanta expone de diferentes maneras la relación entre la Consciencia y el mundo material. En primer lugar dice que el atman es el sujeto puro, el testigo (saksin) de los objetos materiales.  Como puede el sujeto percibir el objeto? En ocasiones se dice que la luz de la Consciencia <<ilumina>> el objeto. Pero esta expresión todavía es dualista, pues distingue entre sujeto y objeto. La distinción se difumina cuando afirmamos que la Consciencia <<proyecta>> el objeto: la propia luz de la Consciencia adopta la forma del objeto. el <<objeto inconsciente>> ya no es algo situado frente al sujeto, sino una manifestación o apariencia del sujeto. Desde el punto de vista más elevado, el objeto también es subjetividad, la materia <<inconsciente>> también es Consciencia; luego en realidad no hay nada inconsciente, ya que sólo hay Consciencia, y la materia es Espíritu.

Según Subodhini, las cosas irreales son:

1) Falsas (mithya), donde falso no significa absolutamente inexistente sino relativamente real o inexplicable.
2) Objetuales (drsya), objetos conocidos inconscientes, no el sujeto conocedor consciente.
3) Compuestas (savayava). Hechas de partes divisibles. No simples como el atman.
4) Cambiantes (vikarin): sometidas a cambios o transformaciones, relativas o condicionadas.

Todas las cosas <<irreales>> (avastu) proceden de la ignorancia (ajñana), están hechas de la ignorancia adoptando distintas formas.


Comentario de Pandu:
Una vez más el Vedanta propone la visión no dualista de la realidad, a la que tanto nos resistimos, pues todos nuestros condicionamientos nos llevan a una vida presa del dualismo. Eso nos impide la experiencia de la unidad en la que podemos realizar la Verdad.
video
Aquí os propongo un video de mi amiga Rosa Teixidor, luchadora y buscadora en la selva de maya, como todos, intentando abrirse camino hacia la Luz. Gracias Rosa.

sábado, 7 de febrero de 2015

Remprendemos el camino del Vedantasara.

El maestro, con suprema compasión, instruye al discípulo por el método de la negación de la superposición; le expone la ciencia del brahman.

Cuando la persona apta se acerca con la actitud adecuada, el maestro le transmite su conocimiento. Esto lo hace por la compasión universal que brota espontáneamente de su sabiduría. La consciencia de la adualidad ha eliminado las barreras que lo separan de los demás seres y, viendo la pesadilla en la que se hallan éstos, tiende naturalmente a ayudarlos a despertarse. Cuando el maestro acepta a un discípulo, le transmite el conocimiento del brahman en dos etapas: adhyaropa y apavada.

El adhyaropa, o " la superposición" consiste en la atribución errónea a una cosa de las características de otra. El adhyaropa que se explica en el Vedanta es la confusión de yo individual (jivatman) con el Yo absoluto (paramatman), la creencia errónea de que somos este organismo psicofísico limitado en lugar del brahman infinito. La exposición de la "superposición" analiza la experiencia dualista, ignorante. Se podría decir que es una "fenomenología", es decir, una descripción de todos los aspectos y niveles de la experiencia fenoménica: el mundo (jagat) o totalidad de las experiencias limitadas; el yo individual (jiva) que forma parte del mundo; y Dios (Isvara), el fundamento o soporte (adhara) de ambos. El maestro, pues, empieza mostrándole al discípulo el sistema entero de la realidad relativa tal como aparece en el sistema ignorante; es decir, le describe la consciencia ilusoria.

Apavada es la negación o refutación de la superposición, la crítica de la experiencia dualista. La metafísica de lo ilusorio estudiada inicialmente por el alumno es aniquilada en esta segunda fase de la sadhana (práctica espiritual) vedántica mediante una "dialéctica negativa" que elimina las diferencias irreales. El "resto" que queda tras el proceso crítico es el atman adual, lo único irrefutable. No hace falta afirmar nada. Basta con apartar las nubes de la ignorancia y lo que queda es el Sol del brahman autoluminoso, que nunca había dejado de brillar.
Es imposible. afirmar directamente el brahman indivisible, que se encuentra más allá del habla y la mente. Hay que enseñarlo indirectamente negando lo irreal mediante este método en dos etapas. Sólo una persona con la mente totalmente purificada puede entender directamente la gran frase "tú eres Eso" y alcanzar así la liberación. Los estudios vedánticos son ejercicios para el intelecto, para volverlo más y más sutil hasta que finalmente se disuelve dejando lugar a la Verdad Absoluta.

Comentario de Pandu:
En general las personas corrientes como yo, queremos "alcanzar" la liberación y entrar en contacto con el infinito "aquí, ahora mismo. Si no, ya no se si me interesa". Esa es un poco la lamentable caricatura. Debemos asumir esa inmensa labor de desbroce del ruido y la ignorancia que nos desorientan para poder contemplar "el Sol del brahman autoluminoso, que nunca había dejado de brillar", pero que nos era imposible contemplar, anegados en tanto ruido.brahman,

martes, 3 de febrero de 2015

Reproduzco a continuación la cita correspondiente al día de hoy de libro "Un pensamiento y una oración para cada día"

Pensamiento del día
La perseverancia es una virtud del alma. Es algo que nosotros mismos desarrollamos.

Memorizar
La luz del alma no conoce líneas divisorias.
Ella no tiene este ni oeste, norte ni sur.
Sí, la luz del alma resplandece en todas partes,
salvo cuando mantenemos
nuestra puertas cerradas.
Ay! Sí... cuando mantenemos nuestras puertas cerradas.

Lección
Debemos adquirir una firme sabiduría; no debemos ser tornadizos ni variables. La gente taciturna e inestable se aflige y aflige a otros. Si la luz desaparece no es por mero accidente, es por falta de cuidado. No debemos ser negligentes. Debemos ser atentos y vigilantes. Necesitamos firmeza y perseverancia y esto nos llega cuando nuestro pensamiento está fijo en algo que es permanente.

Oración
Oh, Tú, espíritu refulgente!
Haz que  mi corazón y mi mente se iluminen con luz divina.
Quítame toda la ignorancia y oscuridad
y concédeme una fe firme en las cosas eternas.

domingo, 1 de febrero de 2015

Llegamos a un momento importante en nuestro recorrido por el Vedantasara, aunque de hecho, todos los momentos son importantes.

El aspirante calificado acude a un maestro.

A la persona apta para practicar Vedanta ya sólo le falta una cosa para poder iniciar su camino: un maestro (guru) que le guíe. Se suele decir que cuando el discípulo está preparado aparece el maestro y, en consecuencia, la persona que posea los cuatro medios no tardará en encontrar a alguien que le pueda orientar en su práctica. Salvo casos excepcionales los aspirantes necesitan la ayuda de un maestro que haya recorrido el camino y, en consecuencia, posea el conocimiento liberador y pueda transmitirlo: sólo quien lo sabe puede señalar la dirección en la que hay que mirar para ver lo que ya está ahí, visible pero no descubierto.
Según los textos védicos el aspirante <<acude con leña en las manos al conocedor de los Vedas que vive en el brahman.>>
Esta frase describe lo que ha de hacer el adhikarin, la persona calificada que posee los cuatro medios: el discernimiento (viveka) le hace sentir u n gran desapego (viraga), una falta de gusto por la existencia mundana (samsara), cuyo carácter insatisfactorio ha comprendido; simultáneamente, le hace buscar desesperadamente -como busca agua quien quiere apagar un fuego que le está quemando- el conocimiento liberador (mumuksutva, anhelo de liberación). Y ese conocimiento sólo puede recibirlo de un maestro.
Los propios placeres mundanos son un aspecto del dolor. Por eso los budistas dicen sarvam duhkham, <<todo es doloroso>>. Parece una exageración, porque en la vida hay sufrimiento pero también alegría. Lo que sucede es que esas alegrías mundanas son transitorias y van precedidas, seguidas e incluso acompañadas de insatisfacción. El placer mundano es un momentáneo apaciguamiento del deseo. Subodhini alude a los <<tres dolores>> (tapatraya) de la existencia mundana. Son los dolores que proceden de uno mismo (adhyatmika), de otros seres (adhibhautika) y de <<los dioses>> (adhidaivika, es decir, de las circunstancias gobernadas por ellos). La Samkyakarikas se inicia afirmando: <<El tormento causado por las tres clases de sufrimientos hace que se busque el medio de acabar con ellos>>. La consciencia del sufrimiento es lo que desapega del mundo y lanza al aspirante a la búsqueda espiritual.
Quien intente recorrer este intrincado camino sin un guía competente que lo conozca se extraviará o, en el mejor de los casos, perderá el tiempo.
Una máxima tradicional dice: <<No hay que ir al rey, a un dios o al maestro con las manos vacías>>. En señal de respeto y, en el caso del maestro espiritual, como símbolo de entrega de uno mismo a su enseñanza. El texto upanisádico menciona la ofrenda de leña, que servirá al maestro para alimentar el fuego sacrificial. Para el discípulo, el guru es divino (gurudeva), ya que es la encarnación visible del conocimiento absoluto que es el fin último al que aspira aquél. La devoción por el maestro (gurubhakti) es un ingrediente esencial de la práctica del Vedanta.
El maestro debe ser un jivanmukta, un <<liberado en vida>>, que, aunque perciba el mundo y actúe en él, solo ve el brahman en todo. Debe ser además un srotriya, un conocedor de la sruti, la revelación védica. Debe hallarse en posesión del <<secreto>> de los Vedas, es decir, debe haber alcanzado el conocimiento dire, cto del brahman. Para ello, no es necesario que el maestro sea un erudito en el sentido convencional. Lo esencial es que el sabio esté instalado en el conocimiento del brahman, es decir, conozca el <<secreto>> de los Vedas aunque no haya oído siquiera hablar de ellos. Y la historia nos ha dado muestras muy relevantes de que eso es posible.

Comentario de Pandu:
Para mí aquí hay un hecho determinante, y es que cuando el aspirante encuentra a su guru, se siente en la gracia del maestro. Disfruta maravillado de la inmensa distancia que le separa de él, que no es más que un atisbo del sendero que quiere recorrer. Se posterna ante él y se pone en sus manos con plena confianza. Y eso, paradógicamente es como ponerse en manos de uno mismo.